A comienzos de 1943, un grupo de oficiales del Ejército se organizó en una logia: el Grupo de Oficiales Unidos, el G.O.U. Venían de una Argentina que había vivido más de una década de fraude electoral y de gobiernos que la historia bautizó como la Década Infame, mientras la Segunda Guerra Mundial partía al mundo en dos.
El 4 de junio de 1943, un movimiento militar derrocó al presidente Ramón Castillo. Entre los oficiales del G.O.U. estaba un coronel que iba a cambiar la historia del país: Juan Domingo Perón.
Perón eligió un lugar que nadie se disputaba: el Departamento Nacional del Trabajo, que asumió en octubre de 1943 y que poco después convirtió en la Secretaría de Trabajo y Previsión. Desde ahí se sentó a la mesa con los sindicatos, hizo cumplir leyes que eran letra muerta e impulsó derechos nuevos: el Estatuto del Peón rural, los tribunales del trabajo y la extensión de las jubilaciones a miles de trabajadores.
En 1944 sumó los cargos de ministro de Guerra y de vicepresidente de la Nación. Los trabajadores empezaban a reconocer en él a alguien que los escuchaba. Los sectores que siempre habían mandado, a un peligro.
Texto del Consejo Local Río Gallegos.